Te extraño a toda hora, en todo tiempo, en cada estación, en cada minuto que tomo al esperar la mañana, andando de aquí para allá, cada que abordo un automovil y me pregunto si llegaré a tí, si habrá alguna deshora para deshacerme de estos males y quedar curada ya sin medicarme soledades y absitinensias de suspiros y verdades. Heme aquí maquillando el sufrimiento con mano de obra barata y buena actuación, no es lo que todos tratamos de hacer? Te extraño, y pienso en aventajar la terapia con un par de palabras insípidas a las siete de la tarde; tal vez no es hora de escribir.
Te extraño y repito una imagen en el ojo de mi mente abierta con los párpados cerrados, pensando, repitiendo que te conozco, te creo a mi manera para extrañarte, y extrañarte también a mi capricho.
Y después de las terapias y medicamentos, previa y cautelosamente automedicados, debo decir que te sigo extrañando, será una de esas causas naturales con las que uno nace y le crecen a un lado con los años, con los vicios, y se hunden más año con año como los surcos en la cara, y como se marca la vejez en los lunares de las manos.
Después de todo, tengo estás palabras, posiblemente un par nada más, las que siempre uso, las que no me sirven para explicarme y me terminan siendo inútiles y cortas para decir lo de siempre, que todavía te extraño, pero te sigo aquí marcando unos puntos y comas, agregándole letras y palabritas a lo que se deja escribir para seguir creyendo que un día posoblemente deje de extrañarte, aunque sepa bien, que eres mi marca de nacimiento, mi tumor benigno, mi lunar en la garganta, mi ojo bicolor, mi peculiar dedo medio encurvado hacia la izquierda, mi curvatura de la nariz, mi labio superior marcado por el dedo de Dios, el lunar azúl de mi abuela, y las ideas locas de esta mujer no muy cuerda pero no tan tonta.
Te extraño a tí, desde tu cuerpo caminando en la calle hasta la cabeza de la loca que le pone nombres y adjetivos a su males a causa de extrañarte, te extraño a tí desde tus pensamientos y aberrantes sentires que se cruzan con los míos, y extraño el festín de misantropía en el que se meten y extraño la pasión con la que lo olvidamos y por entre en medio de las sonrisas se cuelan los silencios que nos dicen lo que rectifican esas muecas y miradas nuestras.
Te extraño, así entonces, de adentro para afuera y viceversa.
Te extraño sin puntos sin comas con comas con puntos, con puntos y comas; te extraño y te extraño también así nada más, como extraña la gente con melancolí, con tristeza, con la desbordante sensación de querer morir para verte, por verte, por tenerte, por comprarte aunque fuese un pedazo de tus ojos y besarlo, así, incoherente, posesivo y sin querer poseerte.
Heme aquí maquillando una hoja para que no se quede vacía y yo no me sienta ajena o don nadie, aunque pese a mis esfuerzo siempre sea mala y termine dejandola con cara de prostituta, me condenaría yo misma con bandera en alto en ser la peor si eso te trajera ante mi, si aunque solo fuera tenerte esta eternidad efímera presente para quedarnos ahí sólo ahí sin justificación y sin esperanza alguna, simplemente ya sin que me faltes.
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