Nos quedamos ahí, mirándos sin vernos, tocándonos con los ojos, esperando la causa y el efecto de nosotros mismos, mientras eramos nuestra propia causa y nuestro propio efecto.
Eramos la sangre en las venas directo a la garganta, un grito, no era un sueño, yo se bien como es un sueño es como si fuera verdad, eso no era verdad, era pureza, no era terrenal, era éter, abstracto, infinito, abismal.
Era ausencia llena hasta el tope de vacios inundados de nosotros, era solo un camino sin forma, era el pedazo del mapa preciso,el punto, la vida que llega en el suspiro de la muerte. Era la espera pausada de los momentos imprescindibles, la pauta, la línea, el borde, mi pedazo de justicia otorgada por los dioses.
Nos quedamos ahí, un segundo nada más un segundo, recorriéndonos los cuerpos, caminando de un lunar al otro, pretendiendo ser nosotros, pero sabíamos bien que eramos los mismos.
Y nos quedamos ahí, mirándonos, nada más un segundo, y en ese segundo fuimos nuestra propia causa y nuestro propio efecto.
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