A veces pareciera que el mundo me abandona en algún lugar terrible, vacío de ruidos y caras, pero al final del tiempo, siempre termino enamorándome del terrible lugar en el que tropiezo, o me lanzan o al que llamo, y le veo sus oscuridades tan claramente como mis ojos mismos bajo la luz de una lupa brillante, y me aprendo sus caminos y los hago míos, y le reconozco sus delicias bajo sus suplicios. Me enamoro tristemente de las palabras no escritas del abismo, me enamoro de la pérdida de vida, y me enamoro de vos, como de mí mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario