Y el sueño llegó. Como alma en celo, deseoso de mí, y jugué al capricho de no cerrar los ojos, y el jugó a convencerme con caricias torpes y arrebatadoras, y jugamos a no quedarnos juntos, pero siempre, tarde o temprano termino exhausta y cobijada en entre sus delicados brazos, mientras que para el amanecer me quedo vehemente en espera quizá de un poco más.
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