Impávida, acontecía aquel evento; en tus pupilas se reflejaba toda la luz del mundo, y entre los diminutos puntos de tu iris me encontraba yo, presente en tu mirada, en aquellos párpados cayendo sobre tus ojos, ahí estaba yo, incluso en tus pestañas entre cruzadas, tan presente como tú en mis palabras ausentes, las mejores, las incomprensibles y persistentes que a la hora del dictado no caen, pero tampoco mueren. Y así tan persistente tú, en la boca de esta loca sigue el sabor tuyo, aquel que no puedo decirle, más que con los labios mismos.
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